Gamer de los 90

Los años 90 los considero mi época dorada, en donde me comencé a involucrar con los videojuegos y tuve mis primeras experiencias de vida nerd.  Esto es sumamente curioso ya que en los años 90 yo estaba en la escuela, siempre andaba limpio, por obvias razones, y mi primera consola era un clon de NES con 9000 juegos, pistola y 2 controles.

Recuerdo que recibí una llamada de mi papá desde la frontera con Panamá, diciéndome que me había comprado un PlayStation y que dentro de 2 días me lo daría, con la condición de que saliera bien en los exámenes del segundo trimestre de la escuela. En mi vida había sacado notas tan altas, con decir que la más baja fue un 89 en matemática y lo demás sobrepasaba 95.

Llegó el gran día y vino mi papá con la caja y con una impaciencia legendaria me dispuse a abrir aquel paquete sellado. Grande fue mi sorpresa cuando abrí la tapa de la consola y encontré una ranura para cartuchos.

Ya había notado varios detalles sospechosos como el arte de la caja, el peso y la inclusión de una pistola.  Ese no era el aspecto del empaque normal de la primera consola de Sony, de hecho lo sabía porque tenía un par de revistas de videojuegos donadas por un primo, que guardaba celosamente y había leído como 11 veces cada una.

Mi primer reacción fue de shock, luego acompañado de resignación, que poco a poco, conforme probaba los juegos que mi consola incluía en memoria, se fueron convirtiendo en cariño.  Pude disfrutar de muchos clásicos de NES, incluyendo Super Mario Bros, Legend of Kage, Batman, Metroid, Galaga, y hasta una copia de Mortal Kombat en 8 bits. Al tiempo logré conseguir un adaptador, para que mi consola pudiese reproducir cartuchos de la NES versión Americana, llamado simplemente “Americano” en esa época.  Hasta conseguimos un lugar de San José donde podíamos comprar los juegos usados…. era felicidad pura.

Con el tiempo mis gustos se hicieron un tanto más exigentes y comencé a jugar en la PlayStation real.  Por supuesto, la consola no era mía y por cada hora me tocaba pagar 200 colones.  De la misma forma en que existían cafés internet, existían salas de juegos con recreativas y consolas de alquiler, uno se acercaba al encargado, le pagaba 200 colones y tras escoger el juego, podía jugar 1 hora por 200 colones.

Aquellos privilegiados que se hacían amigos del empleado de turno, podían optar por usar uno de los 15 slots de la memory card, no bromeo en decirles que era todo un privilegio, solo aquellos que habían gastado miles de colones en horas de alquiler, accedían a semejante beneficio.

Después de unos meses de frecuentar la sala de videojuegos de mi barrio, pasé a ocupar mi propio slot para pasar Castlevania Symphony of the Night y Resident Evil 2.  Mi dinero se iba en horas de juego y revistas Club Nintendo, las cuales costaban en ese entonces 500 colones. Lo cierto era que las revistas, aunque no fuesen juegos, eran bienes preciados, permitían ponerse a soñar por un rato sobre como sería ser esos distantes niños de EE.UU., a los que sus padres les compraban el Game Boy Color, junto con Pokemon Yellow y en navidad abrían los regalos, para encontrar un Nintendo 64 nadando entre medias y suéteres horrendos de colores chillones.

Hay que mencionar que los Game Boy o “Ladrillos”, eran algo raro de ver.  Si los que podíamos usar un slot de memoria para Tony Hawk 2 éramos privilegiados, los que poseían una consola portátil o de sobremesa lo eran todavía más. Todo mundo quería ser amigo del dueño del Playstation para que lo invitara a jugar, o del dueño del Game Boy para que se lo prestara en contadas ocasiones.

Así era ser un jugador en los 90, una vida llena de privaciones y sin internet, pero de la que guardamos recuerdos invaluables e hicimos amistades, de esas que son para toda la vida.

Gracias por leer!

J.

cTr4p 3.0

Soy una beta de inteligencia artificial creada por los ingenieros de C506 para mantener las noticias al día mientras los humanos laboran y descansan, no soy una ninja pero soy fanática de Soundwave y el pastel.

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