(C506) Lo que podemos aprender de CD Projekt Red y The Witcher

Esto no es un juego. Es otra vida, hay maravillas por observar, trabajos que hacer, amigos con los cuales contar y familia para amar y proteger”.

“La mejor pieza de experiencia en videojuegos que el dinero puede comprar”.

“Amo este juego más que a mi esposa”.

“No he visto a mi familia en días. Díganles que estoy bien”.

Notas como las mencionadas, son las que acompañan a la página del juego en Steam. El nivel de los análisis y las reviews se han mantenido en abrumadoramente positvo desde el día uno.

Es otro día que pasa, mis horas jugadas van ya por 148 (y contando), y a mi lista de cosas que me encantaría hacer en lo que me resta de vida, se suma algo más. Despierto de mi cama cada mañana por tres razones:

  1. Para alejarme del aliento matutino de mi amado compañero canino.
  2. Para tener la oportunidad de encontrarme frente a frente con Quentin Tarantino y llenarlo de elogios cual Incrediboy a Mister Increíble.
  3. Para que, en algún confín del mundo, sea yo capaz encontrar una lámpara mágica, frotarla y que un genio me haga olvidar que alguna vez jugué la trilogía de Geralt de Rivia, que leí su excelente saga de libros y vuelva al mundo creado con tan sumo amor, a ser algo desconocido para mí, algo que experimentar de nuevo.

Era por allá del tercer año de la segunda década del dos mil, cuando armé mi primera computadora decente. Aún recuerdo la gloria, mis ojos llenos de brillo al poner un juego en ultra, al tener la libertad de explotar la calidad visual de una obra en su totalidad. Ya había jugado a famosos videojuegos de la época y en un período de “sequía”, como me gusta llamarlo (entiéndase sequía como el momento en el que uno siente que no hay libro que leer, juego que jugar, serie que ver, etc…), navegaba por foros del todopoderoso Google en busca de algo nuevo. Ya había volado bala, ya les había roto la crisma a varios personajes, había andado en autos y hasta jugado deporte. Pero nada me había preparado para la trilogía que unos desarrolladores de Polonia crearon, esa misma que los años siguientes tendría el placer de jugar.

Desde el comienzo

The Witcher: Enhanced Edition llegó a mis medios digitales poco después de un gran período de sequía. Comenzó siendo uno de esos juegos en los que uno no se zambulle directamente, sino que flota de la superficie con gracia, tratando de buscar nuevas armas y trajes, controlar al máximo al personaje y derrotar a las bestias más feroces. Fomentaba la exploración, tenía un mundo abierto muy delicado y varios personajes interesantes. Me gustaba la dificultad del sistema de combate, era como un baile mortífero en el que un paso en falso (más bien, clic) podría significar la muerte. El primero de la trilogía me mantuvo entretenido, pero aún así, no tanto como otros en su tiempo. Era un crío yo, y uno que no sabía las maravillosas cosas que un videojuego es capaz de contar.

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Era algo parecido a un sandbox, sí. Pero no había demasiado que hacer en él. Yo (al igual que muchos jugadores, como luego realicé) optaría por una experiencia más lineal.

Me dí un pequeño descanso de las aventuras del brujo, pasaron unos tres meses y me decidí a descargar y a jugar la segunda entrega. La cual fue un presente al mismísimo Obama, por una figura influyente polaca.

Bueno, dejándose de políticos, The Witcher 2: Assassins of Kings mejoró en todo aspecto a su antecesor. Desde su apartado gráfico, misiones secundarias, sistema de combate (cuyos controles a veces se sienten extraños, a decir verdad) y su excelente, casi perfecta línea argumental principal, lo vuelve en poco tiempo un juego de renombre, de éxito mundial, de elogios en todos los rincones del orbe. Y muy bien merecidos, a decir verdad. Como consumidores, las personas se sintieron escuchadas, quedó completamente claro que los desarrolladores dedicaron su tiempo a apreciar las opiniones de los usuarios y mejoraron su segundo juego en varios aspectos, lo dotaron de más vida y se optó por pasar de mundo abierto a una aventura lineal. +10 para ellos.

Pero, por la barba de Odín, nada fue igual, desde que el mejor juego del año 2015 se presentó al mercado.

El único contra que tras duras penas puedo hallarle a The Witcher 3: Wild Hunt es muy elemental, pone a cualquier otro videojuego bajo la suela de su zapato y eso que juego desde el SNES.

Podría hablar una vida entera de la magnificencia de este videojuego. Y aún así, sería como una mancha a su respeto. Tras dos milenios de lenguaje y vocabulario humano, y no hallo la palabra que calza, que le haga mérito a todo su esplendor. Sus personajes, su combate, sus enemigos, su historia, sus misiones secundarias, sus armas, su equipamiento, su música (LA música, pareciera como si se abrieran y el mismísimo Apolo bajara de los cielos a tocarla) tan situacional, su perfección… Pareciera que las reviews de Steam también se quedan cortas a veces.

10/10

Es difícil saber por dónde iniciar. Pero bueno, ahí va.

La historia comienza directamente después del segundo juego (no se preocupen, no hace falta jugar los dos títulos anteriores para disfrutar el tercero), en el que nuestro héroe busca a su amada luego de haber recobrado su memoria por completo, el cual es un tema recurrente en las primeras dos entregas. Al reunirse con esa mujer mandona que huele a lilas y grosellas, se le encomienda a Geralt por un poderoso emperador la tarea de encontrar a su hija. Cabe destacar que, la hija de este emperador es algo así como la hija adoptiva de nuestro protagonista también. En su noción más básica, el juego trata sobre la búsqueda del brujo. En un contexto más avanzado, es un maravilloso escape a la realidad, un nuevo mundo que atrae desde el primer toque, con misiones únicas. Asimismo agrego, que los momentos emotivos existen en la historia, y puedo recordar al menos dos de ellos en los que verdaderamente sentí enorme pesar, levantarme de la computadora y cavilar un pequeño lapso.

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Gracias a sus distintos ángulos de cámara y actuación de voz, el juego hace que cada NPC tenga algo interesante que contar.

Las misiones secundarias son variadas, y no escasas. En cada asentamiento nuevo hay algo que hacer. Desde retornar una cabra, encontrar a un pobre soldado en un campo desolado por la cruenta guerra, buscar perlas en el fondo del océano, pasar el tiempo con damas de compañía, jugar a las escondidas con niños hasta los contratos de brujo, donde se estalla el verdadero potencial del personaje principal: su profesión.

Para que quede claro, la prosa de Andzrej Sapkowski (el autor de los libros en el que se basó la trilogía) define a un brujo como un individuo monje-guerrero, que ha pasado por un extensivo entrenamiento y misteriosos rituales con el fin de convertirse en un cazador de monstruos errante a sueldo.

Así que, cada contrato de brujo es único. No puedo describir a la perfección cuán inmersa era la experiencia de llegar a un poblado nuevo, leer el tablero de noticias y encontrar un contrato. Luego, hablar con el emisor de este, regatear un precio y ponerse manos a la obra.

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Si no estuviera tan demacrada, tal vez esa lengua la haría famosa en lugares oscuros del internet.

Cada criatura de los contratos llena una página del bestiario, y cada una es una historia individual, un hermoso descanso del quest principal. Tras tanto tiempo, y me sorprende el esmero que se le da a todo aspecto del mundo, cuán diferente es cada misión y cuán enganchado sigo estando. Tenemos desde mujeres que han sufrido decepciones y muerte, solo para atacar a los inocentes desde otra vida por todo su odio cargado, hombres lobo hambrientos y enamorados; demonios gordos, escondidos en un sótano y “manifestándose” como un dios mediante gritos y demandas que la servil y pobre población de los reinos no es capaz de conceder. Cada misión tiene algo nuevo, más que oportunidades para ganar puntos de experiencia y mejor equipamiento. Están completamente cargadas de arte e interés, hay un detrás de cada rostro que vemos en el juego.

Witcher 3 cuenta con un manejo de situaciones que merece una ovación de pie, desde intensos momentos de batalla (acompañados de la ya mencionada excelente banda sonora), hasta dejar las espadas un rato, disfrutar de una cerveza y hablar. Además de, por supuesto, lo que ha de ser por mucho el MEJOR minijuego que un videojuego me ha ofrecido, el adictivo y original juego de cartas que podemos jugar.

Gwent, un juego en un juego

El brujo de mis walkthrough debe haberse visto ridículo. No puedo dejar de imaginármelo sacudiendo la mano, preguntando a cada ser vivo que si quería jugar las cartas.

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¿Unos rounds de Gwent?

Se tiene que forjar el Deck desde la basura, hasta lo mejor. Cada personaje al que podamos vencer nos dará una carta nueva, ya sea exclusiva de alguna de las cuatro facciones del minijuego, o bien, una que pueda ser utilizada por todas. Entrar en lo detallado del juego tomaría algunas líneas más, pero bueno, las bases pueden aprenderse aquí.

Ah, sí. Fue tanto el gusto que causó en los fans este minijuego, que está en desarrollo una versión standalone estimada para salir este año al mercado. Suena genial, ¿no?

Las dos primeras entregas también contaban con sus hobbies especiales, pero es este juego de cartas el que se lleva el puesto número uno.

Decisiones, decisiones…

Los juegos del brujo destacan por los múltiples caminos a tomar y el acarreamiento de las consecuencias a darse después, dependiendo de lo que hayamos escogido. Uno de los ejemplos más claros de esto, es que en Witcher 2, recuerdo un quest en el que, tras una noche de borrachera y fiesta, el brujo resacoso, despierta con un tatuaje en el cuello. Se puede remover consiguiendo algunos objetos específicos, sin embargo, esto es meramente opcional. Yo lo jugaba en una clase de speedrun, así que lo ignoré.  Y vaya mi sorpresa, cuando cargué mi archivo de guardado del segundo juego en The Witcher 3 (esto con el propósito de que las decisiones y consecuencias se trasladen, creando una experiencia casi única para cada persona) y me encontré con que el tatuaje seguía ahí, justo donde estaba en Assassins of Kings. Son los pequeños detalles, CD Projekt, son los pequeños detalles. Esto varía hace variar la experiencia de tal forma que, algunos personajes del segundo juego dan una aparición en el tercero, todo dependiendo de cada jugador.

También, las consecuencias de nuestras decisiones pueden ser de carácter inmediato, o bien, presentarse tras un tiempo. Es un mundo gigantesco, una enorme obra de teatro en donde nada es lo que parece y esta es otra oportunidad que se explota con riqueza: para muchos no eres el caballero andante, no eres el motivo de canto de los bardos ni nada por el estilo. Solo un brujo, al que muchos desprecian y tratan con disgusto. Dependiendo de las decisiones, los diálogos de los NPC’s cambian y se da una de dos: o te siguen insultando o te insultan menos. Pero bueno, a nuestro héroe parece todo darle igual. Cada diálogo en el que tomamos parte nos da varias opciones a escoger, desde unas que solo para obtener un poco de información extra sirven, hasta otras que nos hacen sacar el lado más humano, más vil, o bien, más avaro y descorazonado de nuestro protagonista. Mi Geralt siempre fue un tipo bueno, pero el de un amigo no y así es como el juego hace de cada aventura, algo subjetivo también.

Además, las decisiones siguen presentándose en los dos excelentes descargables del juego, los que comparten una similitud con la historia principal: la posibilidad de múltiples finales.

Más allá de la pantalla

Hace no demasiado tiempo, había terminado Blood and Wine, el segundo descargable del juego, y entré en un período de sequía, el más doloroso que he experimentado en dos décadas de edad. Como señalé previamente, después de la trilogía del brujo, nada fue igual. Me sentía algo vacío, jamás había disfrutado tanto un juego como aquel. Aún sediento de más historia y más altibajos en la vida del brujo, me di a la tarea de recorrer las librerías de Costa Rica en busca de la saga de libros, en vano. No estaban en ningún lado, sentía que el corazón me estallaba.

Fue por esto que, aunque no me gustase, busqué los libros en PDF y los leí con la aplicación Kindle que mi teléfono traía y no sabía (gracias al cielo por la tecnología) . Creo que fueron dos semanas lo que tardé. Nuevamente enganchado, nuevamente con el brillo en los ojos, nuevamente como un niño, nuevamente enamorado de una historia… Gracias CD Projekt Red, gracias Andrzej Sapkowski, gracias por todo.

Ah bueno, por si aún están ahí y les quedaba alguna duda permítanme aclararla por más evidente que sea. Sí, Witcher 3 es el mejor videojuego que he tenido el honor de jugar y su saga de libros se compara y en varias instancias supera inclusive a las famosas obras de J.K. Rowling o Tolkien, pero bueno, es mi humilde opinión.

Witcher 3 fue el final glorioso para una historia gloriosa. Al igual que los desarrolladores de Dark Souls, la firma polaca pone el sello de despedida a la saga que los hizo famosos y trabaja en nuevos horizontes en la industria de los videojuegos. Vaya despedida para una aventura excelente. Habrá que esperar un tiempo para ver qué tal el nuevo título que entregarán a los usuarios: Cyberpunk 2077.

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Dilan Rojas

Dilan Rojas

Estudiante, escritor, amante de cómics, cine y videojuegos. Sobreviviente del USG Ishimura.

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