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(C506) Leamos: 1984

Era el cuadragésimo noveno aniversario del año 1900, cuando esta novela (que pasa a ser una de las obras más grandes e influyentes del SXX) ve la luz. Un éxito inmediato. Sátira a los totalitarismos y a los regímenes autoritarios de la época.

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Como dato curioso, la obra fue escrita en 1948, y al invertir las decenas y las unidades tenemos el título de la misma. Esto, ni por el propio Orwell estaba planeado, ya que pensaba publicarla bajo el título “El Último Hombre de Europa”.

Esta crítica al stalinismo y los sistemas socialistas del mundo, es parte de la llamada “Trilogía del futuro distópico”, los otros dos miembros siendo Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, y Farenheit 451, cuyo autor es el genial Ray Bradbury, mostrando su dinamismo como escritor luego de sus famosísimas Crónicas Marcianas.

En esencia, las tres obras tratan de lo mismo, una sociedad miserable para muchos, en la que todos somos iguales, pero unos más que otros. Donde hay un rol en la sociedad para todo y todos, perpetrado por ideales con los mecanismos y herramientas adecuadas para llevar a cabo el poder para siempre. Mundos, futuros, ciudades en las que la clase alta de la sociedad finalmente encontró la fórmula infalible para perpetuarse por la eternidad.

Pero, ¿qué vuelve tan deliciosa y obligatoria la lectura de este clásico esencial? Leamos.

Su contexto político y social, reza que en un hipotético 1984, el mundo se ha dividido en tres bloques hegemónicos:

  1. Oceanía, que comprende a Inglaterra, Irlanda, América, el sur de África, Nueva Zelanda y Australia. Impera el Socing (o Ingsoc). Más detalles sobre su característico nombre después.
  2. Eurasia, que comprende a la Unión Soviética y Europa, exceptuando a Inglaterra e Irlanda. Reina el Neobolchevismo.
  3. Estasia, que comprende a China, las Coreas y Japón. Rige la denominada “Adoración a la Muerte”.

Conforme vamos leyendo con atención y deduciendo, nos damos cuenta que las diferencias entre estas tres superpotencias no van más allá de su territorio y nombre. Todas se rigen por un sistema único, absoluto y autoritario. Que, bajo múltiples prácticas propagandísticas de proporciones jupiterianas, la adoración de un líder ficticio o real (en el caso de Oceanía, esta figura la representa El Gran Hermano o Hermano Mayor) y lealtad a un único partido, mantiene bajo su yugo total a los pobres ciudadanos, a quienes vigila cada movimiento, donde el individualismo y el libre pensamiento están más prohibidos que la manzana que Eva mordisqueó.

Los protagonistas de la historia viven en el imperio de Oceanía, el cual basa los estatus sociales de sus habitantes en tres categorías:

  1. El Partido Interior: Son los segundos más privilegiados de la filosofía del Socing. Gozan de condiciones de vida por encima de la media, instalaciones limpias y comida y bebida de calidad, pero deben trabajar como el resto (especialmente en la descomposición del idioma, que más tarde se explicará mejor) y son vigilados en muchas ocasiones del día.
  2. El Partido Exterior: una extrapolación de la “clase media”. Portan uniforme de trabajo anticuado siempre, gozan de menos privilegios, unas condiciones de vida si acaso un escalón más arriba de lo miserable y para los cuales es necesario formar parte de cualquier ridiculez que el Partido proclame.
  3. Los proles: los habitantes de los suburbios, la mayoría de Oceanía. Viven en condiciones penosas y se mantienen entretenidos con una que otra cosa que el Partido les mande a mordisquear, y no son vigilados rigurosamente como las otras clases; ya que los altos mandos no temen de ellos. Podría resumirse en una frase de que a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno.

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Tal como se señaló antes, el Socing (en lo que podría definirse en nuestra lengua como socialismo inglés) es la clave que encontró la clase alta para perpetuar su estatus para siempre. Este, se disuelve en cuatro poderes, que como ustedes verán o sabrán, son contradicciones.

El Ministerio del Amor, acomete con ímpetu sobre los disidentes y los acusados de traición; mediante el uso de torturas y el quebrantamiento moral del ser hasta volverlo un robot más de los ideales del Partido. Dentro del Minimor, se encuentra la famosa Habitación 101, último recurso del Partido para meterse en la mente de aquel que se atreva a dudar de lo que dice. Este horrible lugar, contiene aquello a lo que la víctima más le teme.

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El ejemplo más palpable que tenemos de la horrenda práctica, nos lo enseña el protagonista de la obra, Winston Smith, quien le tiene fobia a las ratas sobre todas las cosas. (Imagen tomada de la película basada en el libro).

El Ministerio de la Paz, o Minipax, que es el encargado de llevar la guerra acabo, armar al ejército y todas las cosas pequeñas y grandes que la carrera militar de una sociedad necesita. Por otro lado, el Ministerio de la Verdad (Miniver) es aquel que reescribe la historia: crea panfletos, música, libros, propaganda y publicidad. Asimismo, dentro de sus labores cabe deshacerse de fotografías no autorizadas por el régimen, textos y demás expresiones de librepensar. En otras palabras, es el organismo que se encarga de meter las múltiples mentiras del Gran Hermano en la mente de los habitantes.

De último nos queda el Ministerio de la Abundancia (Minindancia) que da a la población los suministros necesarios para vivir bajo un estricto racionamiento.

Como pueden ver, cada subparte del Socing es una contradicción para sí misma. El Minimor, tortura. El Minipax, representa a la guerra. El Miniver, esparce mentiras. El Minindancia, promueve el hambre. Pero las contradicciones del Partido no acaban aquí, veamos.

El slogan del Socing, se rige por tres declaraciones invariables, casi religiosas:

La guerra es la paz. Mediante un supuesto estado de Guerra perpetuo, los habitantes del imperio de Oceanía están menos propensos a rebelarse, ya que su odio se dirige al exterior.

La esclavitud es la libertad. Ligado intrínsecamente a la labor del Miniver. El esclavo se siente libre al no conocer otra cosa, al no tener nada con qué compararse.

La ignorancia es la fuerza. Que nos hace pensar en los proles. Mientras no tengan el intelecto suficiente, no crearían una revolución.

Asimismo, otra forma de opresión que el Partido ejerce se ve evidenciada en la creación de un nuevo idioma a raíz de destruir el previo, la llamada Neolengua. El ulterior propósito de esto, es que, en un futuro no muy lejano, no exista la palabra adecuada para equis estado de ánimo. Se estaría en un constante estado de control, ya que, al destruir y transformar al léxico con fines represivos, limita al pensamiento, pues lo que no existe en la lengua, no existe en el pensamiento.

En el texto, ya hemos visto varios ejemplos de la neolengua (como los homónimos de los Ministerios o la abreviación de Socialismo Inglés). El método de control de la estricta vigilancia es llevado acabo por un aparato llamado “telepantalla”, suvenir obligatorio en todas las casas de los miembros del Partido Exterior e Interior. La telepantalla ve y escucha cualquier cosa que hagas y, por ende, controla. La rigurosa vigilancia es llevada a cabo por la “Policía del Pensamiento”, quien estaba en todo su derecho de arrestar a cualquier persona por algo que dijo en sueños, alguna expresión facial que delate otra cosa o la posesión de bienes ilegales, como libros y papel o cualquier cosa que delate individualismo.

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Representación de la telepantalla en la película.

Las relaciones personales, están prohibidas en el Socing, Hasta el mismo amor, ya que el único amor permitido es aquel que se profese hacia el Gran Hermano. Las relaciones sexuales están controladas y su único fin es la procreación, y la Policía del Pensamiento te puede visitar si andas a escondidas con la vecina o el vecino. El coito, asimismo, está prohibido. Como puede deducirse, la familia como tal es una estructura anacrónica y apenas tolerada, y desde pequeños inicia el lavado de cerebro de los habitantes. En los territorios de Oceanía, no era extraño saber que un niño delató a su padre o madre cuando dijo algo en sueños en contra del Gran Hermano. Dichos elementos eran la principal opción para formar parte del Policía del Pensamiento, algo que los pequeñuelos veían con gran admiración.

Historia y Personajes (Ojo al Spoiler)

Los protagonistas de la historia son Winston y Julia, quienes, a base de miradas y gestos, se enamoran. A hurtadillas y tratando de esconderse del omnipresente Partido, se las andaban liando por ahí, cogiendo entre arbustos y matojos, escondrijos o vestigios de la supuesta “guerra”. Ambos, son de corazón rebelde y se aman con pasión. Dos cosas muy mal vistas por el Partido.

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Winston y Julia en uno de sus primeros encuentros.

Winston, comienza a cuestionarse su trabajo en el Miniver como falsificador del pasado y otra partecita en la gigantesca tela de opresión y mentira del Gran Hermano, y esto lo comparte con Julia apenas tiene la oportunidad. Para su suerte, ella odia al Partido de igual manera. Mediante gestos y miradas (así como ellos se conocieron) logran ponerse en contacto con O’ Brien (mi personaje favorito de la obra), un miembro del Partido Interior del Miniver, y tras crear un lazo más cercano, este les revela que forma parte de la Hermandad, una organización de disidentes que pretende derrocar al Partido, eventualmente. Dicha organización, es liderada por Emmanuel Goldstein, la figura de odio y aborrecimiento del partido, creador de El Libro, un texto que señala sin miedo alguno todas las mentiras del Socing y la verdadera historia de la humanidad.

Winston y Julia comienzan a enfrascarse en la lectura del revelador texto, creyéndose a salvo en uno de sus escondites habituales, libre de telepantallas y que parecía fuera del alcance del todopoderoso Gran Hermano. Todo cambia (con un giro tremendísimo) cuando su escondite es asediado por la Policía del Pensamiento, y capturan a estos dos y los llevan al Minimor para “reformarlos”.

Dentro del Minimor, nos damos cuenta que SPOILERO’ Brien era un agente doble desde siempre, un miembro de la Policía del Pensamiento que se encargaba de capturar a todo aquel que contraríe a la filosofía del Partido, haciendo uso de herramientas como El Libro o La Hermandad. Winston es sometido a las más crueles torturas en este lugar (con la caja de las ratas siendo el epítome de ellas), con tal de ser “reformado”, aceptar las mentiras más allá del sentido común y amar al Gran Hermano como una deidad. Este se encontraba resoluto primero, dispuesto con todas sus fuerzas de voluntad a no negar la realidad, a no dejar “que se metieran en su cerebro”, pero el arsenal de tortura y lavado de cerebro del Socing, apenas comenzaba.

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Si el Partido dice que 2+2=5, entonces es una verdad que debe ser aceptada.

Tras varios meses devastadores de tortura y control de pensamiento, Winston sale del Minimor, con su amor por Julia perdido y olvidado. Habiéndose “vencido a sí mismo, y amando al Gran Hermano”.

Legado Cultural e Histórico

Esta es una imprescindible, una historia que recomiendo a todo aquel que lea o que no lo haga. Su gloria, poder y pasión solo pueden ser transmitidos a la hora de navegar por sus páginas, llenándose la mente de una calidad literaria y crítica sin igual. 1984, como toda buena historia, es una obra que se adelanta a su tiempo. Muy adelantada. La mente maestra de Orwell nos hace ver (quizá un poco exagerado) lo que sería una especie de realidad eventual ante una posible victoria del socialismo en su época. Un Partido único, regido por mentiras (investíguese sobre las fotos trucadas de la U.R.S.S.) y múltiples herramientas represivas a su disposición, carente de individualismo. En sentido de crítica, la obra fue aceptada en su tiempo, convirtiéndose un best seller de éxito mundial y renombre en todos los rincones del orbe.

Tal fue su impacto en la cultura como la conocemos, que el término orwelliano se utiliza para definir a sectas u organizaciones represoras, como la presentada en la novela. Asimismo, 1984, cuenta con una historia interesante, profunda y concisa los colores grises en los que se pinta a seres deshumanizados, carentes de opinión y amor. Una distopía, en todo el sentido de la palabra.

En lo personal, siento enorme admiración por su autor. Su manera de cautivar es sin precedentes, el concepto de la transformación del léxico es acertado y cierto, así como su slogan. No puede existir una representación ficticia más perfecta del sistema autoritario que la que Orwell expone en su gloriosa obra. Esta, como todo buen libro, también nos hace pensar, cuestionarnos nuestra realidad y pensar en el pasado, presente y futuro.

¿Qué pasará cuando muera la última persona que recuerde los eventos históricos de mayor renombre? ¿Seguirá la prensa fiel a sus raíces, o se reescribirá la historia? Muchos aseguran que vivimos en una sociedad orwelliana, a nuestra propia manera.

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Dilan Rojas

Dilan Rojas

Estudiante, escritor, amante de cómics, cine y videojuegos. Sobreviviente del USG Ishimura.

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